Hace un tiempo me preguntaron “Y vos... ¿Vos qué sos?” podría haber elegido responder muchas cosas. Podría haber dicho que soy estudiante; que soy una futura comunicadora social; que soy de gimnasia, que soy hija, prima, sobrina, hermana, nieta; que, principalmente, soy amiga. Podría haber elegido decir que soy lectora; que soy una escritora y una música frustrada; que, supuestamente, soy judía.
Podría haber dicho que soy un montón de cosas, pero elegí decir una sola y única “Soy lo que la vida me depara”, con todo lo que eso significa. Soy las ganas de reír, las carcajadas, las risas que terminan en llanto. Soy las ganas de llorar, los llantos solitarios y los acompañados, los silenciosos y los ruidosos, los llantos que se ocultan y los que terminan en risas.
Soy las ganas de levantarme todos los días para ir a la facultad; para encontrarme con todas esas caras conocidas y desconocidas; para recorrer los pasillos llenos de carteles; para hablar y reirme con mis amigas; para conocer gente nueva; para entrar en esos salones llenos de conocimientos, de experiencias, esos salones que día a día me educan y me acercan un poco más al título. Esas ganas de pasar más tiempo en la facultad que en mi casa; esas ganas que se convierten en tiempo, en momentos, en anécdotas; esas ganas que, día a día, transforman la facultad en una nueva y hermosa parte de mí, que la transforman en una nueva casa; esas ganas que hacen que ame lo que estoy estudiando y que ame el lugar en el que lo estudio. Pero también soy esas ganas de quedarme acostada durmiendo, de mandar a todos a la mierda; esos rayes de odio a la facultad que me agarran, pero que después recuerdo todo lo que vivo día a día y dejo de odiarla.
Soy esas ganas de juntarme con mis amigos, de verlos; esas ganas de aprender, escuchar, ver, estar y enseñar todo lo que pueda; esas ganas de reir con mis amigos, de aprender de ellos y de enseñarles. Pero, también, soy esas ganas de estar sola por un tiempo; de pensar, analizar, razonar; esas ganas de putear al mundo y de putearme a mi misma; esas ganas de estar conmigo y con nadie más; esas ganas de analizar cada cosa que hice, que hago o que tendría que hacer.
Soy esas ganas de sentarme a leer un buen libro, de transportarme a otra realidad; esas ganas de escuchar música y no hacer nada más, de borrar todo pensamiento de la mente y quedarse escuchando y disfrutando de esas melodías y esas músicas; esas ganas de escribir por sobre todas las cosas, de imaginar escenarios y personajes distintos, de distenderse de la realidad imaginando otra.
Soy esas ganas de ver un buen partido de fútbol, de putear, de gritar, de sufrir y de disfrutar con ese deporte.
Soy esas ganas de todo y de nada al mismo tiempo; soy todo y nada al mismo tiempo, y también soy algo. Soy la vida, con lo bueno y lo malo, con las risas y los llantos, con las alegrías y las tristezas; soy lo que veo, lo que escucho, lo que digo, lo que callo, lo que leo, lo que debato y lo que escribo. Pero también soy lo que no hago.
Soy la alegría de vivir mezclada con las ganas de no hacer nada; soy el amor que viene y va, pero que siempre está ahí, no necesariamente en una única persona, el amor de un amigo, de un familiar. Soy un 90% risas pero también soy un 10% tristezas, y hay veces que ese 10% gana y me deprimo, pero salgo adelante porque también soy alegrías. Porque, en definitiva, soy lo que la vida me depara.
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