Si yo no estoy loco, yo no tengo que estar acá, éste es un lugar para los locos no para mí. Yo merezco que me traten con respeto, porque yo no estoy loco ¿no? No, no lo estoy. No, claro que no lo estas, viejo, es todo una confusión. Si, claro que te vamos a sacar. Ya me está frustrando ésta situación, aunque no lo quiera creer el viejo no cambia más. El Dr. Ricardo Fonster me dijo que no cree que papá vaya a mejorar. “Lo mejor para tu padre es que no vengas tan seguido, Juan. Los delirios de tu padre reaparecen con la ansiedad que le genera el saber que venís a verlo, cosa que no le sucede cuando se entera que la visita es la de tu madre. Aparte no creo que vos la estés llevando muy bien a esta situación, y lo mejor para tu psiquis, y para la de tu papá, es que no se vean tan seguido”. Le dije a Juan.
No visitarlo; claro, es tan fácil para el doc decirlo, si no es él quien tiene a su papa en el loquero; y solo por un estúpido anillo, “Mágico”. Siempre lo arruina todo, nunca se conforma con nada. Había logrado reponerse de ese trauma, consiguió un buen trabajo, que vino acompañado de una mujer que lo amaba y con eso logro formar una familia, una muy linda familia, la nuestra. Pero nunca le basto lo que consiguió, siempre me hablaba del pasado, siempre le faltaba algo, o alguien no recuerdo muy bien. Yo era chico y no lo entendía, pero tampoco recuerdo bien que era lo que me decía. Sé que estaba obsesionado con esa tal Mónica, no sé quien era pero siempre la nombraba y a mi mama la enojaba, por eso me hablaba en secreto.
“Dios mío, no puede ser que no cambies más, desde chiquito lo traumabas a Juan, con esas historias que sabias que le daban miedo, pero te gustaba verlo sufrír ¿no? ¿NO?. Y le seguís causando daños, parece que lo haces a propósito, él tenia buena salud, tenia amigos, una novia, iba a la facultad, ¿y ahora? Ni de buena salud puede decirse que goza” le dije a mi marido, furiosa estaba, muy enojada estaba con él, pero me sentía impotente, nada servía era obstinado como el solo.
“ ¿Salud? ¿Me estas hablando de salud? El no sabe lo que es tener mala salud, ni siquiera sabe lo que es tener una mala vida, él no tuvo que salir a laburar como lo hicimos nosotros, ni siquiera tuvo que pelar cada centavo para ganárselo, el siempre tuvo lo que quiso. Nació en cuna de oro. Sabes lo que me gustaría tener su vida”. Le replique a mi mujer.
Siempre se pelean por lo mismo mis viejos. ¿Qué debería hacer? Él es mi papá y, al fin y al cabo, siempre lo va a ser. Y yo lo quiero, quiero creer que se va a mejorar, pero no lo noto, y estoy harto de esto, harto. “Que debo hacer doc” me pregunto. “Eso es cosa tuya Juan. En su estado puedo poner las manos en el fuego de que el no va ni a mejorar ni a empeorar. Y vos tenés que seguir con tu vida, no podes depender de cómo esta él para saber como estas vos, tenés que preocuparte por tus problemas, problemas de alguien de 23 años. Por eso, como ya te dije, considero que lo mejor es que venga mas seguido tu mamá” le recomendé.
Sonó el teléfono, me asuste y me levante considerando que un llamado telefónico a las 3:00 a.m. debería ser urgente. Era el doc “Juan necesito que vengas urgente a la clínica, tu papa tiene un cuadro y te necesita” me dijo, hablaba muy rápido así que mucho no le entendí. Me vestí, estaba tan apurado que me puse los viejos vaqueros de jean gastado y la remera que me había regalado Lucia, mi ex-novia. Me subí al auto, al volvo deportivo que me había regalado mi papá a los 18, ese auto que tenia tantos recuerdos, tanta historia. Lo arranque y salí del garaje, subí a la calle y me pare porque el semáforo estaba en rojo, debe de haber cambiado la luz a verde porque de golpe me tocaron bocina para que me adelantara. Llegue al hospital y entre corriendo, estaba muy apurado como para detenerme a saludar.
Hable con el doc que me dijo “ Tu papa esta en el pabellón C, anda rápido, esta con él Dr. Francisco Rodríguez”.
Llegue al pabellón c y encontré al doc que me contó la situación. Al parecer mi papa había tenido un sueño, y el único que podía ayudarlo era yo, ¿en qué? No tengo la más pálida idea.
“Papá, ¿qué pasó? ¿estas bien?” e pregunto Juan. “No, no lo estoy, necesito el anillo” “¿qué anillo? Le pregunte curioso “tu sabes cual” esa fue toda su respuesta.
“NO, NO TE LA LLEVES, NO POR FAVOR, ELLA ES MI VIDA, NO NO OTRA VEZ NO” empezó a gritar como loco, no lo entendía. “Papá, papá estoy acá, con vos, contame, refrescame la memoria, ¿qué pasó? ¿A quién no se tienen que llevar? Papá, por favor, necesito que me cuentes, ¿qué pasó? PAPÁ” le pregunte, pero fue inútil, seguía gritando “NO”
“Hijo, te necesito, hace memoria, recordá donde esta el anillo, recordá donde lo dejo Mónica, tengo que salvarla y esa es mi única pista. Hijo, Ella lo era todo para mí, ese anillo, le dije que no debíamos comprar ese anillo, tiene la culpa de todo esto”. Le gritaba, pero Juan no reaccionaba, estaba inmovil, parecía una piedra.
¡El anillo! Ahí estaba la pista, empecé a recordarlo todo, ese anillo, Mónica, su antigua esposa, decidí preguntarle, aclararme las dudas. “¿el anillo de casamiento?” asintió “¿ el del diamante?” volvió a asentir “¿ el día que le regalaste el anillo, como sorpresa, para cambiar el de casamiento, ese día la perdiste?” y asintió de nuevo, era una situación cada vez más macabra. “Papá, ¿no lo recordas? Encontraron su cuerpo hace años en el lago, se había suicidado, vos la habías visto, eso me contaste” “No, No. Fue el anillo, el anillo maldito. Tuve esa sensación desde el primer día” le respondí a mi hijo.
“Papá” eso era lo único que pude gritar, cuando tome conciencia estaban cerrando la puerta de terapia en mi cara, se le habían puesto los ojos en blanco, comenzó a babearse, “Estuvo en trance Juan” me dijo el doctor. “entro en coma, y...” “¿y que?” me preguntó Juan. “Y falleció, mi amor” me dijo lucía.
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