miércoles, 9 de octubre de 2013

Un futuro... ¿mejor?

Salí de mi departamento y me subí al ascensor que me esperaba con las puertas abiertas. Creo que soy una de las pocas personas que todavía recuerda lo que había antes, que todavía que recuerda todo lo que pasaba antes de que la guerra estallara.
-          Al centro, frente a la plaza central-respondí automáticamente. Todo el viaje pasó en completo silencio, mi mente estaba muy lejos de ese lugar. Todavía recordaba todo lo que había ocurrido antes de la guerra y cómo había cambiado todo-. Gracias-murmuré mientras bajaba del ascensor.
Observé todo a mi alrededor, nada era igual, la tecnología había avanzado a tal punto que ya no era necesario caminar, si vivías en una casa tenías tubos trasladores al lado de tu puerta. Los pocos que caminaban lo hacían vestidos totalmente de negro, eran los que vivían tras el muro y entraban en la ciudad únicamente para realizar los trabajos que nadie quería realizar. Si los hubiese visto años atrás, mientras estaba sentada en una mesa del café con mis amigas, los hubiésemos comparado con códigos de barra. Todas las paredes eran blancas y ellos no hacían otra cosa que camina hasta llegar al punto al que debían ir.
Sentado en el borde de la fuente se encontraba mi novio que me esperaba mientras leía el diario. Me acerqué a él y, sin decir nada, le saqué el diario de las manos, sabía que a él le molestaba pero lo hacía porque era muy graciosa la manera en que se enojaba, sólo cuando se daba cuenta que era yo me sonreía.
-          ¡Será posible que estos negros siempre quieran aprovecharse de…- sus palabras quedaron en el aire mientras me miraba con cara de desconcierto. Lo estaba perdiendo, Will era uno de los pocos que se había dado cuenta de la manera en que los gobernantes trataban a los que estaban tras el muro. Y, ahora, desde que había ascendido, estaba completamente de acuerdo con lo que hacía el gobierno. Aunque, de a ratos, recordaba lo que pasaba y volvía a ser el mismo del que yo me había enamorado años atrás-. Yo… Ehh…- balbuceó- No era lo que quería decir… Yo…
-          Está bien William- murmuré enojada, aunque en realidad no sabía con quién. Me enfurecía con todos, pero mayormente con los del otro lado del muro por no hacer nada para cambiar las cosas.
Observé la fuente, su simple presencia ya me molestaba. En el pilar más alto había un hombre de traje con sombrero y maletín. A su lado, en un pilar más bajo, había una mujer con vestido. Lo que más me enfurecía eran las figuras que estaban abajo. A los pies de ambos había dos personas, un hombre y una mujer, vestidos totalmente de negro, que les besaban los pies.
Logramos llegar a la puerta del Ministerio, pero antes de entrar sentí dos brazos rodearme la cintura y empujarme para hacerme entrar en una camioneta. Me vendaron los ojos y sentí el auto comenzar a andar bajo mis pies. Sólo cuando llegamos, y me bajaron, me sacaron la venda. Estábamos del otro lado del muro, eso lo supe sin necesidad de que me dijeran nada. Lo único que me extrañó fue que me dijeran que ellos eran como yo, que recordaban todo lo que pasaba antes de la guerra y que, como yo estaba de un lado y ellos del otro lado del muro, necesitaban mi ayuda.
Comenzamos a caminar hasta llegar a una cabaña, en la puerta había un cartel que rezaba: “Cuando más brilla el mundo de las mercancías y de los valores del Mercado, menos vale y menos importa el Ser humano. El Che”. Eran carteles de lucha, de revolución. Eran carteles que denotaban un cambio futuro, un cambio para mejorar la vida de todos. Eran carteles de aliento.

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